Abro y cierro los ojos, cada vez más despacio.
Es un intento absurdo de cansar la vista y conseguir dormir, pero como ya he dicho, es absurdo y no funciona, hace que de nuevo mi mente se disperse y empiece a pensar en tonterías con o sin sentido, porque las tonterías a veces, tienen sentido.
Los ojos son como nuestras ventanas, si las abres la luz entra y te ilumina, ya sea el sol o la noche, te invaden ese millón de cosas que captas con tus ojos, entran en ti aunque solo sea durante unos segundos.
Da la misma forma cuando abres los ojos dejas que miren dentro de ti, lo malo es que no hay cortina posible, puedes maquillarte, adornar el marco de la ventana, así distraerás la atención e igual logres que no miren hacia dentro.
Abrir las ventanas es necesario, ha de entrar el aire, la luz, la vida que hay ahí fuera. Ver y dejarse ver, mirar desde arriba o hacia delante. Mirar, siempre hay que mirar.
Me encanta mirar desde una ventana alta, sé que es extraño, pero me gustan los tejados plagados de antenas, supongo que es absurdo, pero me gusta, desde niña.
Ahora cerraré las persianas y miraré lo que hay dentro, también hay que mirar hacia dentro de vez en cuando.
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