Y lo intento y no puedo, y se vuelve todo igual de incoherente que lo que pasa por mi cabeza.
Intento escribir, desahogarme, sacar fantasmas para que dejen de marearme y no, no salen, hay tres borradores por aquí que lo demuestran, pero no soy capaz de entenderlos ni yo.
Pues nada, no se puede, no hay manera, si la solución es callarme, pues me callo, al fin y al cabo antes o después explotare, y eso tampoco está mal del todo.
viernes, 29 de enero de 2010
Ninguno, ¡porq no me da la gana!
Rara, con ganas de chillar y a la vez con ganas de esconderme debajo de una piedra, una pequeñita.
No sé si es represión por no decir todo lo que me pasa por la cabeza, o una pataleta infantil, a saber. Solo sé que me encanta esa posibilidad, la de ir doblándome poco a poco.
A veces en mis intentos fracasados de dormir aprieto mucho los ojos, y sí ahí puedo imaginar que me encojo, que me convierto en un punto chiquitito que puede desaparecer cuando quiera.
No, no es una desaparición real, pero la posibilidad de ser invisible es más que atractiva. Sí, es una putada que los sueños no se cumplan, ¡yo quería ser bruja!
No sé si es represión por no decir todo lo que me pasa por la cabeza, o una pataleta infantil, a saber. Solo sé que me encanta esa posibilidad, la de ir doblándome poco a poco.
A veces en mis intentos fracasados de dormir aprieto mucho los ojos, y sí ahí puedo imaginar que me encojo, que me convierto en un punto chiquitito que puede desaparecer cuando quiera.
No, no es una desaparición real, pero la posibilidad de ser invisible es más que atractiva. Sí, es una putada que los sueños no se cumplan, ¡yo quería ser bruja!
domingo, 17 de enero de 2010
Paz
Quiero volar, como un pájaro, debe ser la mayor sensación de libertad posible, el aire en la cara, los pies flotando, apoyarse en el aire...
No puedo volar, no me he planteado la opción de buscar alternativas técnicas para hacerlo, si necesito ayuda, ya no soy libre.
Nado, escrito así, parece una errata de nada, sí, NADA. El vacío.
Me refería a nadar, a dejar que el agua mezcla mi cuerpo, a florar en ella, a jugar con ella, a luchar con ella. Pero sí, ambas acepciones podrían entrelazarse para describir lo que quiero expresar.
El otro día me preguntaron en que lugar me sentiría en paz, tranquila, relajada.
Una biblioteca, pero antigua, con olor a libro viejo, con sillas que crujen, no haría falta leer, no haría falta curiosear las estanterías, podría estar en paz allí, rodeada de miles de palabras. Envuelta por sabiduría y cultura, por romance y terror, por fantasía e historia.
Un parque, a media mañana o a última hora de la tarde, casi desierto, en silencio. Debería ser un día ventoso. Los árboles agitándose, esos papeles que no deberían estar ahí, que corretean escondiéndose para no romper la imagen de naturaleza creada artificialmente. Los caminantes apresurados, los que nos paramos a contemplar.
El agua. Sí, se supone que el agua no es un lugar, pero no es cierto, para mí lo es. Posiblemente el lugar donde más pronto alcanzo esa sensación de paz.
Una piscina fría, solo yo, silencio. Me dedico a contemplar partes de mí debajo del agua, veo como se desdibujan, floto, nado, me hundo, vuelvo a emerger.
El mar, ¿es un lugar algo que se extiende tanto?
Entras, poco a poco, despacio, tu piel se adapta al agua, conforme vas caminando te empapas, te dejas seducir...
Cuando una ola se acerca a tu cara te apartas, casi sin querer, la sal llega a tus labios, aún sabiendo todo lo que llega al mar, aún repugnandote la idea, alejas u olvidas todo eso y te relames. Sal y agua en tu cuerpo, la arena en tus pies, el cielo mirando.
Nadas hacia la nada, porque a lo lejos solo se ve mar, no hay más, eso es lo mejor, que no se vea más, que el mundo no exista, no mires atrás, sabes lo que hay detrás, pero... ¿qué hay delante?
Aunque solo haya mar, estoy segura que no hay mayor sensación de paz.
Sí, mi Capricornio está en el agua, mi isla interior flota rodeada de agua, sin vistas a nada, solo al cielo y a la paz.
No puedo volar, no me he planteado la opción de buscar alternativas técnicas para hacerlo, si necesito ayuda, ya no soy libre.
Nado, escrito así, parece una errata de nada, sí, NADA. El vacío.
Me refería a nadar, a dejar que el agua mezcla mi cuerpo, a florar en ella, a jugar con ella, a luchar con ella. Pero sí, ambas acepciones podrían entrelazarse para describir lo que quiero expresar.
El otro día me preguntaron en que lugar me sentiría en paz, tranquila, relajada.
Una biblioteca, pero antigua, con olor a libro viejo, con sillas que crujen, no haría falta leer, no haría falta curiosear las estanterías, podría estar en paz allí, rodeada de miles de palabras. Envuelta por sabiduría y cultura, por romance y terror, por fantasía e historia.
Un parque, a media mañana o a última hora de la tarde, casi desierto, en silencio. Debería ser un día ventoso. Los árboles agitándose, esos papeles que no deberían estar ahí, que corretean escondiéndose para no romper la imagen de naturaleza creada artificialmente. Los caminantes apresurados, los que nos paramos a contemplar.
El agua. Sí, se supone que el agua no es un lugar, pero no es cierto, para mí lo es. Posiblemente el lugar donde más pronto alcanzo esa sensación de paz.
Una piscina fría, solo yo, silencio. Me dedico a contemplar partes de mí debajo del agua, veo como se desdibujan, floto, nado, me hundo, vuelvo a emerger.
El mar, ¿es un lugar algo que se extiende tanto?
Entras, poco a poco, despacio, tu piel se adapta al agua, conforme vas caminando te empapas, te dejas seducir...
Cuando una ola se acerca a tu cara te apartas, casi sin querer, la sal llega a tus labios, aún sabiendo todo lo que llega al mar, aún repugnandote la idea, alejas u olvidas todo eso y te relames. Sal y agua en tu cuerpo, la arena en tus pies, el cielo mirando.
Nadas hacia la nada, porque a lo lejos solo se ve mar, no hay más, eso es lo mejor, que no se vea más, que el mundo no exista, no mires atrás, sabes lo que hay detrás, pero... ¿qué hay delante?
Aunque solo haya mar, estoy segura que no hay mayor sensación de paz.
Sí, mi Capricornio está en el agua, mi isla interior flota rodeada de agua, sin vistas a nada, solo al cielo y a la paz.
Esperar
Lo mejor es no esperar nada, por muy conformista que suene, es la única manera de mantener el contacto con el mundo.
Bueno, quizás no es no esperar nada, es no esperar más de lo que se ve desde un inicio, ser simple, y esperar la misma simpleza de los demás, así no te decepcionas.
Hay personas que desde un principio ya sabes como son, lo que puedes tener de ellas, o lo que te pueden aportar, esas son las únicas q nunca te defraudan, esas siempre se portan como esperas.
Yo tengo un problema, a pesar de que gente, la más simple, me rodea (y no lo digo en ningún sentido despectivo ni mucho menos), esa gente no me atrae, me acompañan, les acompaño y compartimos vida, pero realmente no despiertan un interés especial en mí, y así me va.
Las personas complicadas me atrapan, y yo me dejo atrapar, no me refiero a gente con problemas de más, yo tengo los míos e intento dejarlos en un cajón cuando estoy con alguien que no los conoce, sí, los quejicosos me exasperan muchísimo, cuando me refiero a complicado pienso en gente con mucho dentro de sí, algo que yo me esfuerzo por ver, por conocer, siempre he creído que uno se enriquece con el conocimiento y la experiencia ajena, tanto o más como las propias.
Estoy empezando a asumir esto, a no esperar nada de nadie, a aprender a relacionarme con gente que me da solo lo que espero de ella, y a la que le doy lo mismo, un trueque limpio y sin mayor complicación.
Hablo de personas, personas a las que aprecias, a las que quieres, a las que amas, a las que simplemente saludas por coincidir en el bus, o porque ese día te has levantado amable.

No sé si la gente cambia, o soy yo la que no sé aceptar que mis ideales se rompen, me resisto a aceptar que me he equivocado, que posiblemente nunca fueron como yo esperaba, que simplemente no tengo razón, que no eran así, ni lo serán.
Detesto que esto suene a queja, me parece terrible que parezca un llanto, no, no lo es, no es más que una reflexión más, una que escribo ahora, pero pasa por mi mente en más ocasiones de las que quisiera.
Las personas tendríamos que ser más simples, yo lo intento, por lo menos oculto lo que tengo dentro, eso es casi como no tenerlo, ¿no?
Bueno, quizás no es no esperar nada, es no esperar más de lo que se ve desde un inicio, ser simple, y esperar la misma simpleza de los demás, así no te decepcionas.
Hay personas que desde un principio ya sabes como son, lo que puedes tener de ellas, o lo que te pueden aportar, esas son las únicas q nunca te defraudan, esas siempre se portan como esperas.
Yo tengo un problema, a pesar de que gente, la más simple, me rodea (y no lo digo en ningún sentido despectivo ni mucho menos), esa gente no me atrae, me acompañan, les acompaño y compartimos vida, pero realmente no despiertan un interés especial en mí, y así me va.
Las personas complicadas me atrapan, y yo me dejo atrapar, no me refiero a gente con problemas de más, yo tengo los míos e intento dejarlos en un cajón cuando estoy con alguien que no los conoce, sí, los quejicosos me exasperan muchísimo, cuando me refiero a complicado pienso en gente con mucho dentro de sí, algo que yo me esfuerzo por ver, por conocer, siempre he creído que uno se enriquece con el conocimiento y la experiencia ajena, tanto o más como las propias.
Estoy empezando a asumir esto, a no esperar nada de nadie, a aprender a relacionarme con gente que me da solo lo que espero de ella, y a la que le doy lo mismo, un trueque limpio y sin mayor complicación.
Hablo de personas, personas a las que aprecias, a las que quieres, a las que amas, a las que simplemente saludas por coincidir en el bus, o porque ese día te has levantado amable.
No sé si la gente cambia, o soy yo la que no sé aceptar que mis ideales se rompen, me resisto a aceptar que me he equivocado, que posiblemente nunca fueron como yo esperaba, que simplemente no tengo razón, que no eran así, ni lo serán.
Detesto que esto suene a queja, me parece terrible que parezca un llanto, no, no lo es, no es más que una reflexión más, una que escribo ahora, pero pasa por mi mente en más ocasiones de las que quisiera.
Las personas tendríamos que ser más simples, yo lo intento, por lo menos oculto lo que tengo dentro, eso es casi como no tenerlo, ¿no?
martes, 12 de enero de 2010
Abrir
Me cuesta muchísimo soltar los dedos aquí, sé que no debería, pero me cuesta, siempre que he escrito lo he hecho escondida, o no lo he dejado ver, muy pocos han leído algo mío sabiendo de mi existencia real.
Estoy intentando empezar, pero no sé, es culpa mía, completamente mía. Los pocos que me conocéis de antes, sabéis de mi natural tendencia a la dispersión, pero también sabéis que últimamente he abandonado esa costumbre. Hasta ahora.
No sé expresar mis sentimientos, miento, sí sé pero no suelo hacerlo, y muy pocas veces cara a cara. Normalmente me los cuento a mí misma, me regodeo o hundo en ellos y los aparto o escondo en mi cajón.
Ni desconfianza, ni miedo. Simplemente hay cosas más importantes que un mal o buen día, o quizás pese a todo lo que hablo, nací para escuchar no para orar.
Responder es más sencillo que contar, no hay que buscar la manera, es un acto automático.
Tendré que preguntarme algunas cosas...
Estoy intentando empezar, pero no sé, es culpa mía, completamente mía. Los pocos que me conocéis de antes, sabéis de mi natural tendencia a la dispersión, pero también sabéis que últimamente he abandonado esa costumbre. Hasta ahora.
No sé expresar mis sentimientos, miento, sí sé pero no suelo hacerlo, y muy pocas veces cara a cara. Normalmente me los cuento a mí misma, me regodeo o hundo en ellos y los aparto o escondo en mi cajón.
Ni desconfianza, ni miedo. Simplemente hay cosas más importantes que un mal o buen día, o quizás pese a todo lo que hablo, nací para escuchar no para orar.
Responder es más sencillo que contar, no hay que buscar la manera, es un acto automático.
Tendré que preguntarme algunas cosas...
Vestidos
No, no me gusta como soy, y no me refiero a como persona, aunque mi aspecto quiera o no terminó condicionando mi forma de ser.
Cual piedra preciosa supongo que todo el mundo ha de pulirse día a día, igual no como una joya, si no simplemente como una roca, que tras rodar y rodar va desgastándose.
Nuestro carácter se pule, nuestra energía se desgasta, todo nos cambia.
A pesar de ello si cierro los ojos consigo quererme, o incluso con los ojos abiertos, si estos se centran en mi rostro, pero el resto…
Sé a donde no estoy dispuesta a llegar para cambiarlo, pero de la misma forma sé como me gustaría que fuera, quizá solo un poco más, un poco más que poco. Mucho más.
Quitarme este traje que me envuelve, este que llevo desde hace 15 años y con el que me he acostumbrado a vivir.
Pese a la carga he vivido mi vida, la he disfrutado, y he sido feliz. Sí, no he permitido que me robe la libertad con la que todos nacemos. No eso no, el camino ha sido más difícil de recorrer en algunos momentos, pero tampoco podemos culparlo de todo.
Las modas pasan el estilo es eterno. De esta frase hice mi capa, y de esta capa sigo tirando cuando me veo reflejada en un escaparate.
No puedo negar el deseo de estar al otro lado. Ese lado en el que el traje no te preocupa, ese lado en el que realmente el físico no importa. Básicamente porque el que tienes, es casi igual que el de todos.
Ser diferente no es tan difícil como parece. Pero cansa, cansa muchísimo.
No, no me avergüenzo de ser como soy, por lo menos no ahora, por lo menos no siempre.
A veces solo con decirlo, el traje pesa menos, o te ayuda a correr para hacerlo más ligero.
Desnuda, con los ojos cerrados, me veo como pude ser.
lunes, 11 de enero de 2010
¡Viven!
Acabo de ver la película, sabía que me gustaría.
Siempre quise ver un lugar como ese, conocer a los Monstruos, esos que realmente no lo son, los monstruos reales son mucho más terribles. Si hay que elegir yo sería uno de estos, de los que habitan en una isla mágica, un lugar en donde hacer solo lo que te de la gana.
Me encanta soñar, y no me refiero a mientras duermo. La imaginación ha de volar.
La fantasía no tiene límites, aunque solo sea por unos momentos, y solo de vez en cuando hay que dejar que se expanda, que crezca dentro de nosotros, que nos permita sonreír sin esperar nada más.
Ser algo o alguien, volar o caer, cualquier cosa es posible cuando quieres.
Busca tu sitio. En la cama antes de dormir, mirando la puerta e imaginando que es una pantalla en la que visualizas tus hazañas. Detrás de la cortina, escondida. En el parque escuchando el aire entre las hojas. Elige tú.
Sonreír, cuando tu mente vuela libre, no puedes evitar sonreír.
Los monstruos viven dentro de mí.
Siempre quise ver un lugar como ese, conocer a los Monstruos, esos que realmente no lo son, los monstruos reales son mucho más terribles. Si hay que elegir yo sería uno de estos, de los que habitan en una isla mágica, un lugar en donde hacer solo lo que te de la gana.
Me encanta soñar, y no me refiero a mientras duermo. La imaginación ha de volar.
La fantasía no tiene límites, aunque solo sea por unos momentos, y solo de vez en cuando hay que dejar que se expanda, que crezca dentro de nosotros, que nos permita sonreír sin esperar nada más.

Ser algo o alguien, volar o caer, cualquier cosa es posible cuando quieres.
Busca tu sitio. En la cama antes de dormir, mirando la puerta e imaginando que es una pantalla en la que visualizas tus hazañas. Detrás de la cortina, escondida. En el parque escuchando el aire entre las hojas. Elige tú.
Sonreír, cuando tu mente vuela libre, no puedes evitar sonreír.
Los monstruos viven dentro de mí.
Silenciando
Calla, ha llegado el momento de callarse.
Ahora saben quien eres, ya no te puedes esconder más, prepárate para responder si fuera necesario.
Sí, cuesta mucho más escribir cuando no puedes fingir ser otra persona, no sé si sabré, pero hay que intentarlo, asumir que mi cabeza produce más palabras de las que soy capaz de digerir, y dejar que se vean, aunque sean pocos o ninguno los que quieran hacerlo.
No hay que buscarle sentido, ni a esto ni a nada, no suele tenerlo, simplemente a veces es necesario.
No sé callar lo que pienso, aunque sí lo que siento, el silencio nunca ha sido lo mío, pero siempre he vivido en él.
Debajo del fregadero, en la galería de aquel cuarto piso, allí me escondía para jugar y soñar, allí vuelvo.
Ahora saben quien eres, ya no te puedes esconder más, prepárate para responder si fuera necesario.
Sí, cuesta mucho más escribir cuando no puedes fingir ser otra persona, no sé si sabré, pero hay que intentarlo, asumir que mi cabeza produce más palabras de las que soy capaz de digerir, y dejar que se vean, aunque sean pocos o ninguno los que quieran hacerlo.
No hay que buscarle sentido, ni a esto ni a nada, no suele tenerlo, simplemente a veces es necesario.
Posiblemente no todo llegue hasta aquí, seguro que algo se pierda en el camino, pero in
tentaré reprimir lo mínimo posible, no hay mucho que perder, quién bien me conoce sabe que nunca he sabido callar.
No sé callar lo que pienso, aunque sí lo que siento, el silencio nunca ha sido lo mío, pero siempre he vivido en él.
Debajo del fregadero, en la galería de aquel cuarto piso, allí me escondía para jugar y soñar, allí vuelvo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
