martes, 19 de octubre de 2010

Los besos


Los lunes se levanta maldiciendo, siempre. Todos los días madruga, pero solo los lunes llena el aire de improperios.
Le escucho vestirse, abrir cajones que luego dejará abiertos.
Busca cosas que seguramente están delante de sus ojos, y todo esto mientras a su paso queda una retahíla de lamentos.
Discute con el gato, el pobre se levantó a saludar ignorando el día de la semana en el que vive y ahora regresa a su cama a olvidar el desaire que ese humano ingrato le acaba de hacer.
Acaba de desayunar, termina de recoger sus cosas y aún no se le han acabado las quejas.
Vuelve a despedirse, me besa en la cama, me mira, sonríe, y se marcha en silencio.
Me encantan los besos de los lunes, saben a rabia fugaz.


viernes, 24 de septiembre de 2010

Mentiroso

Eres el día de los cambios, de la esperanza y de los comienzos.

Todo empezará contigo.

Comenzaré una dieta.
Dejaré de fumar.
Viviré sin él.
Compraré lotería.
Aprenderé a amar.

En ti se apoyan las ilusiones, los sueños y las mentiras, sobretodo las mentiras.

¿Cuántas mentiras se dicen en tu nombre?

El Lunes dejo de prometer. ¡Lo juro!




El principio de todo.

Lunes, 10 de Octubre. 06:45 a.m. Estoy agotada, tantas horas intentando encontrar la postura adecuada, no puedo más, necesito que me empujen.

Tengo frío, mucho frío, ya ha llegado el otoño, además, esta habitación está helada, me cuesta respirar.

Me golpean, rompo a llorar, veo luz, mucha luz, un mundo borroso demasiado iluminado para mis ojos.

Siento que me tocan, no me gusta, sigo teniendo frío y me duele la nariz, me habré golpeado al salir. Quiero volver a casa.

Me mueven, no sé hacia donde, solo sé que no puedo parar de llorar, el frío, el miedo y esa terrible luz me asustan.

Ya, ahora. Huele a hogar, aquí sí.

Me han recostado sobre ella, me abraza, es solo una niña pero es mía, no conozco nada más, y creo que nunca conoceré nada mejor.

Por fin, parecía que esto no iba a acabar nunca, ya se ha acabado todo, bueno, realmente acaba de empezar.

Llego al mundo un Lunes a primera hora, ¿Será una señal?

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Montpellier

No te aguanto, ni a ti, ni a nadie.

No te llamo, siempre pienso en hacerlo, pero me vence el después.

He dejado de ser amable y divertida, he dejado de ser el hombro en que apoyarse.

Me duelen los hombros, y las sonrisas no las siento ya.

No soporto a las victimas, por eso esto no es una llamada, es un desahogo.

Me aburre la gente, me aburren las noticias, me aburre todo.

No me apetece disculparme por no llamar, por no quedar o simplemente por no estar.

No me apetece nada.

Miento, sí me apetece, me apetece largarme, con la cartera llena y los ojos cerrados, desconectarme del aquí y del ahora, recorrer calles en las que no conozco a nadie, en las que no es necesario saludar ni ser cordial, en las que no hay prisa ni va a sonar el teléfono.

Ya no tomo el cercanías cada día, ya no veo el tren a Montpellier marcharse, ya no pienso en tirar el móvil a la papelera y subirme a ese tren borreguero y desaparecer.

Vuelvo a mentir, igual no pienso tanto en ello pero la idea esta ahí.

Echo de menos las rutinas, echo de menos hasta el madrugar.

No me aguanto, no me caigo bien. Voy a dejar de hablarme.

martes, 21 de septiembre de 2010

Contando

Frondosas, lanudas y redondeadas.
Con aspecto altivo y mirada mansa.

Parecen suaves, tibias y calmadas.
Se las ve mimosas, tan inmaculadas.

Miran a lo lejos, temiendo la valla.
Quizá se adivina demasiado alta.

Cogen carrerilla, llegan y la saltan.
Orgullosas de ello, retoman su marcha.

Sobre un verde pasto, juegan tan lozanas.
Hay un sol que alumbra y un perro que ladra.

Ese es el problema, que se las detalla.
Me pierdo en colores, texturas y pausas.

Así cada noche las cuento en mi cama.
Mientras llega el sueño, oigo como balan.

miércoles, 28 de julio de 2010

Todo en orden

La primera fue muy rápida, el cuchillo atravesó su carne sin que yo me diera casi cuenta, se clavó fácilmente, aunque yo solo miraba su cara, sus ojos perdidos.

No lo pensé, bueno admitámoslo, igual sí, por algo llevaba ese cuchillo.

Las siguientes fueron automáticas, como si mi brazo fuera impulsado por un resorte, no podía parar, ni en la segunda, ni en la tercera, ni en las que siguieron.

No se defendió, solo me miraba fijamente, intentando creer, hasta que cayó.

Ya casi no sangra, mejor, no me gusta nada el color de la sangre al secarse, es un color sucio, desagradable, nada que ver con el brillo y la magia de ese rojo que brota de una herida abierta.

Tendré que limpiar. Limpiar siempre me ha tranquilizado mucho, me ayuda a desconectar, aunque ahora ya no estoy nerviosa, nunca había probado este método, y sí, es realmente relajante.

lunes, 12 de julio de 2010

Encuentro

Lo encontré tirado en la calle, cubierto por cartones de leche.
¡Miles de cartones de leche!

¿Porqué son tan pequeñas las cajas de leche?
Recuerdo cuando iban en paquetes de diez o de 12 litros, a día de hoy, como mucho hay seis.
Aunque también es cierto que antes apenas llevaban cartón, eran plástico en su mayor parte, habría necesitado millones para cubrirse.

En principio me asusté, era extraño verlo allí tumbado, pero lo que más me aturdía eran sus palabras. Estaba canturreando...

- Con la a, Alburquerque, alburquerqueño, con la b, Borneo, dayak, con la c, Codorniz, cordigueño...

Era aturdidor, nunca imaginé que llegaría a acostumbrarme a su pasión por los gentilicios, que llegarían incluso a divertirme, siempre que escucho esa tonadilla, sé que está dibujando.

Temí acercarme, no por su aspecto en sí, a mí lo extraño siempre me ha gustado, soy alérgica a la lactosa y algo de leche tenía que tener encima, seguro.

Le hablé y levantó la mirada. Apenas tiene ojos, por eso lleva gafas, para que no se le estropeen. Este mundo está lleno de cosas muy raras, y él tiene miedo de que los ojos se le caigan.

Así le encontré, esa noche lejana. Ya hace mucho tiempo, pero al recordarlo, aún me pica todo.

¡Puta leche!

La Caja

Estaba sentada, con la mirada fija en la caja.
No era demasiado grande, poco más grande que su mano. Le costaba entender como cabía tanto ahí dentro.
Nació para escuchar, no para contar, nunca supo decir lo que sentía, quizá por eso nadie la auxilió, por eso no llegaban los abrazos que tanto necesitaba.
En esa caja estaba todo, los secretos de los que había sido cómplice, mentiras, traiciones, inseguridades e incluso amores furtivos que se vio en la obligación de encubrir.
Hoy la abriría, dejaría salir todo aquello, haría daño sí, mucho, pero ver sufrir a los demás la aliviaría, el dolor ajeno hace más leve el tuyo, o eso dicen ¿no?
Todo el mundo vivía su vida, sin pensar en ella, en sus sentimientos, en esa desesperación que la inundaba. Nadie le preguntó por sus lágrimas, nadie las vio.
Se acercó a la ventana, la abrió y miró aquella noche cerrada.
Tomó la caja en sus manos, le temblaban, abrió con fuerza su pecho, y allí volvió a guardarla, sin la llave echada, por si hacía falta volver a usarla.
Volvió a la ventana, miró hacia lo lejos, no veía nada.
No vio donde caía, nunca sabrá donde encontrarla, la llave se perdió en silencio, como ella lloraba.
Prefirió el calor del llanto en su cara, a aquel plato frío llamado venganza.

lunes, 28 de junio de 2010

Dispersión Natural

Gente deslumbrante, adornos deslumbrantes, muebles deslumbrantes...

Yo ya estaba lamentando no haber traído las gafas de sol, me serían tremendamente útiles, podría dormir y nadie lo notaría.

Todo el mundo parecía divertirse, pero claro, ellos no estaban con el Sr. Parrández, no sé como había acabado a su lado, escuchando su perorata sobre sus proyectos de expansión.

Mantenía la mandíbula apretada, para evitar bostezar, asentía de vez en cuando, pero por mucho q lo intentaba no conseguía mantener la mirada en él, mis ojos se iban hacia mi vaso, me intrigaba ver la forma q estaba adquiriendo el hielo al deshacerse. No eran cubitos normales, tenían una forma extraña, alguna modernez para darle más glamour a la noche. Parecían una flecha o un lazo, algo así. Aunque mi mente se había ido por otros derroteros.

Una moneda por tus pensamientos, -dijo el Sr. Parrandez.

Aunque me sorprendió su propuesta, mi boca fue más rápida que mi cerebro...

¿Los peces pueden nadar en Cocacola?



miércoles, 23 de junio de 2010

Muñeca

Encima de la cama, eternamente sonriente.

Llevas años ahí, ni siquiera recuerdo quién te ofreció como obsequio.

Solo sé que ahí estás, viendo mis días y mis noches, escuchando mis risas y mis llantos, con tu mirada perdida y brillante, con tus facciones perfectas y tu sonrisa perpetua.

Siempre ahí, callada. Guardando secretos, compartiendo sueños, sí, sé que mi almohada te los cuenta, por algo compartimos lecho.

Testigo de todo, fría porcelana y cálida compañera.

Sigue mirando, hay tanto que ver...

jueves, 10 de junio de 2010

Se van

Tengo que desahogarme en algún lugar, no quiero hablar del tema con nadie, y además no son horas, mañana intentaré hacer algo, o al menos dejaré q estás lágrimas que ahora se me amontonan broten con más libertad.

No lo entiendo, no entiendo porq, no puedo.

Quieres mucho a alguien y el tiempo, las circunstancias, y a saber qué, hace que te distancies. Demasiado.

Te pasan cosas, te vuelves egoísta, selectivo o ambas cosas. Y decides pasar página y dejar atrás a esas personas que no te dieron lo que esperabas, quizá no es que no quisieran, quizá no supieron, ahora esa cosas dan vueltas en mi cabeza, sin parar.

Y desgraciadamente algo pasa, y no a tí, algo que no espera nadie, algo que duele mucho, porq sabes como se siente, mentira, no lo sabes porq tu no llegaste a ese extremo, porq conseguiste saltar ese obstaculo, y ellos no han tenido la oportunidad.

Hace una semana retomamos nuestras palabras, y yo ahora no sé que decirte.

Lo siento, lo siento tanto, siento lo que ha pasado, siento lo que estás pasando y siento aún más lo que te queda por vivir.

Ahora sé lo que sentías, o intento imaginarlo. Es algo horrible. No poder calmar el dolor de alguien a quien quieres tanto.

Mañana buscaré como, pero ahí estaré.

Lo siento mucho, aunq nada es comparable a como te sientes tú.

martes, 11 de mayo de 2010

Sí, lo encontraré.

Sacando cosas del cajón desastre, es más cómodo usar lo que ya tienes que crear algo nuevo, pero bueno, intentaremos hacer algo, me hierve la cabeza y como tampoco tengo nada mejor en lo que emplear mi tiempo, pues a escribir, aunque sea poco.

Aquí estoy parada por primera vez desde que tengo edad para trabajar, y la verdad es que no lo llevo demasiado bien, paso de hablar de crisis y mierdas por el estilo, pero tampoco estoy para hacer planes de futuro, no se me da bien fracasar, no es porq no lo haya hecho, simplemente evitaré tirarme de cabeza, si hay q estrellarse, al menos que sea por sorpresa.

Tengo que encontrar mi objetivo, el que sea, voy a encontrar algo que hacer, pero no por ocuparme, quiero hacer algo que me apetezca realmente hacer, y lo encontraré.

martes, 9 de marzo de 2010

Pataleo

Cuesta mucho decir las cosas, muchísimo.
Pero cuesta más no decirlas.

Escribo aquí para patalear un rato, no me servirá para mucho, pero al menos me desahogo, y eso no me vendrá mal del todo.

No entiendo a las personas.

No entiendo como se cambia de opinión de repente, no entiendo porq se puede ser egoísta y los demás tenemos que entenderlo.

Debería guardar las cosas, debería poderlas mostrar para que se me entienda, así al menos no me sentiría como una idiota cabreada.

De aquí a dos días habrá pasado, aunque no se olvide, esto nos permitirá recordarlo.

Yo no me voy, otra vez yo me quedo, ya se van otros, de nuevo.

martes, 2 de febrero de 2010

Ventanas, persianas y párpados.

Abro y cierro los ojos, cada vez más despacio.

Es un intento absurdo de cansar la vista y conseguir dormir, pero como ya he dicho, es absurdo y no funciona, hace que de nuevo mi mente se disperse y empiece a pensar en tonterías con o sin sentido, porque las tonterías a veces, tienen sentido.

Los ojos son como nuestras ventanas, si las abres la luz entra y te ilumina, ya sea el sol o la noche, te invaden ese millón de cosas que captas con tus ojos, entran en ti aunque solo sea durante unos segundos.

Da la misma forma cuando abres los ojos dejas que miren dentro de ti, lo malo es que no hay cortina posible, puedes maquillarte, adornar el marco de la ventana, así distraerás la atención e igual logres que no miren hacia dentro.

Abrir las ventanas es necesario, ha de entrar el aire, la luz, la vida que hay ahí fuera. Ver y dejarse ver, mirar desde arriba o hacia delante. Mirar, siempre hay que mirar.

Me encanta mirar desde una ventana alta, sé que es extraño, pero me gustan los tejados plagados de antenas, supongo que es absurdo, pero me gusta, desde niña.

Ahora cerraré las persianas y miraré lo que hay dentro, también hay que mirar hacia dentro de vez en cuando.

viernes, 29 de enero de 2010

y y y y

Y lo intento y no puedo, y se vuelve todo igual de incoherente que lo que pasa por mi cabeza.

Intento escribir, desahogarme, sacar fantasmas para que dejen de marearme y no, no salen, hay tres borradores por aquí que lo demuestran, pero no soy capaz de entenderlos ni yo.

Pues nada, no se puede, no hay manera, si la solución es callarme, pues me callo, al fin y al cabo antes o después explotare, y eso tampoco está mal del todo.

Ninguno, ¡porq no me da la gana!

Rara, con ganas de chillar y a la vez con ganas de esconderme debajo de una piedra, una pequeñita.

No sé si es represión por no decir todo lo que me pasa por la cabeza, o una pataleta infantil, a saber. Solo sé que me encanta esa posibilidad, la de ir doblándome poco a poco.

A veces en mis intentos fracasados de dormir aprieto mucho los ojos, y sí ahí puedo imaginar que me encojo, que me convierto en un punto chiquitito que puede desaparecer cuando quiera.

No, no es una desaparición real, pero la posibilidad de ser invisible es más que atractiva. Sí, es una putada que los sueños no se cumplan, ¡yo quería ser bruja!

domingo, 17 de enero de 2010

Paz

Quiero volar, como un pájaro, debe ser la mayor sensación de libertad posible, el aire en la cara, los pies flotando, apoyarse en el aire...

No puedo volar, no me he planteado la opción de buscar alternativas técnicas para hacerlo, si necesito ayuda, ya no soy libre.

Nado, escrito así, parece una errata de nada, sí, NADA. El vacío.

Me refería a nadar, a dejar que el agua mezcla mi cuerpo, a florar en ella, a jugar con ella, a luchar con ella. Pero sí, ambas acepciones podrían entrelazarse para describir lo que quiero expresar.

El otro día me preguntaron en que lugar me sentiría en paz, tranquila, relajada.

Una biblioteca, pero antigua, con olor a libro viejo, con sillas que crujen, no haría falta leer, no haría falta curiosear las estanterías, podría estar en paz allí, rodeada de miles de palabras. Envuelta por sabiduría y cultura, por romance y terror, por fantasía e historia.

Un parque, a media mañana o a última hora de la tarde, casi desierto, en silencio. Debería ser un día ventoso. Los árboles agitándose, esos papeles que no deberían estar ahí, que corretean escondiéndose para no romper la imagen de naturaleza creada artificialmente. Los caminantes apresurados, los que nos paramos a contemplar.

El agua. Sí, se supone que el agua no es un lugar, pero no es cierto, para mí lo es. Posiblemente el lugar donde más pronto alcanzo esa sensación de paz.

Una piscina fría, solo yo, silencio. Me dedico a contemplar partes de mí debajo del agua, veo como se desdibujan, floto, nado, me hundo, vuelvo a emerger.

El mar, ¿es un lugar algo que se extiende tanto?

Entras, poco a poco, despacio, tu piel se adapta al agua, conforme vas caminando te empapas, te dejas seducir...

Cuando una ola se acerca a tu cara te apartas, casi sin querer, la sal llega a tus labios, aún sabiendo todo lo que llega al mar, aún repugnandote la idea, alejas u olvidas todo eso y te relames. Sal y agua en tu cuerpo, la arena en tus pies, el cielo mirando.

Nadas hacia la nada, porque a lo lejos solo se ve mar, no hay más, eso es lo mejor, que no se vea más, que el mundo no exista, no mires atrás, sabes lo que hay detrás, pero... ¿qué hay delante?

Aunque solo haya mar, estoy segura que no hay mayor sensación de paz.

Sí, mi Capricornio está en el agua, mi isla interior flota rodeada de agua, sin vistas a nada, solo al cielo y a la paz.

Esperar

Lo mejor es no esperar nada, por muy conformista que suene, es la única manera de mantener el contacto con el mundo.

Bueno, quizás no es no esperar nada, es no esperar más de lo que se ve desde un inicio, ser simple, y esperar la misma simpleza de los demás, así no te decepcionas.

Hay personas que desde un principio ya sabes como son, lo que puedes tener de ellas, o lo que te pueden aportar, esas son las únicas q nunca te defraudan, esas siempre se portan como esperas.

Yo tengo un problema, a pesar de que gente, la más simple, me rodea (y no lo digo en ningún sentido despectivo ni mucho menos), esa gente no me atrae, me acompañan, les acompaño y compartimos vida, pero realmente no despiertan un interés especial en mí, y así me va.

Las personas complicadas me atrapan, y yo me dejo atrapar, no me refiero a gente con problemas de más, yo tengo los míos e intento dejarlos en un cajón cuando estoy con alguien que no los conoce, sí, los quejicosos me exasperan muchísimo, cuando me refiero a complicado pienso en gente con mucho dentro de sí, algo que yo me esfuerzo por ver, por conocer, siempre he creído que uno se enriquece con el conocimiento y la experiencia ajena, tanto o más como las propias.

Estoy empezando a asumir esto, a no esperar nada de nadie, a aprender a relacionarme con gente que me da solo lo que espero de ella, y a la que le doy lo mismo, un trueque limpio y sin mayor complicación.

Hablo de personas, personas a las que aprecias, a las que quieres, a las que amas, a las que simplemente saludas por coincidir en el bus, o porque ese día te has levantado amable.

No sé si la gente cambia, o soy yo la que no sé aceptar que mis ideales se rompen, me resisto a aceptar que me he equivocado, que posiblemente nunca fueron como yo esperaba, que simplemente no tengo razón, que no eran así, ni lo serán.

Detesto que esto suene a queja, me parece terrible que parezca un llanto, no, no lo es, no es más que una reflexión más, una que escribo ahora, pero pasa por mi mente en más ocasiones de las que quisiera.

Las personas tendríamos que ser más simples, yo lo intento, por lo menos oculto lo que tengo dentro, eso es casi como no tenerlo, ¿no?

martes, 12 de enero de 2010

Abrir

Me cuesta muchísimo soltar los dedos aquí, sé que no debería, pero me cuesta, siempre que he escrito lo he hecho escondida, o no lo he dejado ver, muy pocos han leído algo mío sabiendo de mi existencia real.

Estoy intentando empezar, pero no sé, es culpa mía, completamente mía. Los pocos que me conocéis de antes, sabéis de mi natural tendencia a la dispersión, pero también sabéis que últimamente he abandonado esa costumbre. Hasta ahora.

No sé expresar mis sentimientos, miento, sí sé pero no suelo hacerlo, y muy pocas veces cara a cara. Normalmente me los cuento a mí misma, me regodeo o hundo en ellos y los aparto o escondo en mi cajón.

Ni desconfianza, ni miedo. Simplemente hay cosas más importantes que un mal o buen día, o quizás pese a todo lo que hablo, nací para escuchar no para orar.

Responder es más sencillo que contar, no hay que buscar la manera, es un acto automático.

Tendré que preguntarme algunas cosas...

Vestidos

No, no me gusta como soy, y no me refiero a como persona, aunque mi aspecto quiera o no terminó condicionando mi forma de ser.
Cual piedra preciosa supongo que todo el mundo ha de pulirse día a día, igual no como una joya, si no simplemente como una roca, que tras rodar y rodar va desgastándose.

Nuestro carácter se pule, nuestra energía se desgasta, todo nos cambia.

A pesar de ello si cierro los ojos consigo quererme, o incluso con los ojos abiertos, si estos se centran en mi rostro, pero el resto…

Sé a donde no estoy dispuesta a llegar para cambiarlo, pero de la misma forma sé como me gustaría que fuera, quizá solo un poco más, un poco más que poco. Mucho más.
Quitarme este traje que me envuelve, este que llevo desde hace 15 años y con el que me he acostumbrado a vivir.

Pese a la carga he vivido mi vida, la he disfrutado, y he sido feliz. Sí, no he permitido que me robe la libertad con la que todos nacemos. No eso no, el camino ha sido más difícil de recorrer en algunos momentos, pero tampoco podemos culparlo de todo.

Las modas pasan el estilo es eterno. De esta frase hice mi capa, y de esta capa sigo tirando cuando me veo reflejada en un escaparate.

No puedo negar el deseo de estar al otro lado. Ese lado en el que el traje no te preocupa, ese lado en el que realmente el físico no importa. Básicamente porque el que tienes, es casi igual que el de todos.
Ser diferente no es tan difícil como parece. Pero cansa, cansa muchísimo.

No, no me avergüenzo de ser como soy, por lo menos no ahora, por lo menos no siempre.

A veces solo con decirlo, el traje pesa menos, o te ayuda a correr para hacerlo más ligero.

Desnuda, con los ojos cerrados, me veo como pude ser.

lunes, 11 de enero de 2010

¡Viven!

Acabo de ver la película, sabía que me gustaría.

Siempre quise ver un lugar como ese, conocer a los Monstruos, esos que realmente no lo son, los monstruos reales son mucho más terribles. Si hay que elegir yo sería uno de estos, de los que habitan en una isla mágica, un lugar en donde hacer solo lo que te de la gana.

Me encanta soñar, y no me refiero a mientras duermo. La imaginación ha de volar.

La fantasía no tiene límites, aunque solo sea por unos momentos, y solo de vez en cuando hay que dejar que se expanda, que crezca dentro de nosotros, que nos permita sonreír sin esperar nada más.

Ser algo o alguien, volar o caer, cualquier cosa es posible cuando quieres.

Busca tu sitio. En la cama antes de dormir, mirando la puerta e imaginando que es una pantalla en la que visualizas tus hazañas. Detrás de la cortina, escondida. En el parque escuchando el aire entre las hojas. Elige tú.

Sonreír, cuando tu mente vuela libre, no puedes evitar sonreír.

Los monstruos viven dentro de mí.

Silenciando

Calla, ha llegado el momento de callarse.

Ahora saben quien eres, ya no te puedes esconder más, prepárate para responder si fuera necesario.

Sí, cuesta mucho más escribir cuando no puedes fingir ser otra persona, no sé si sabré, pero hay que intentarlo, asumir que mi cabeza produce más palabras de las que soy capaz de digerir, y dejar que se vean, aunque sean pocos o ninguno los que quieran hacerlo.

No hay que buscarle sentido, ni a esto ni a nada, no suele tenerlo, simplemente a veces es necesario.

Posiblemente no todo llegue hasta aquí, seguro que algo se pierda en el camino, pero intentaré reprimir lo mínimo posible, no hay mucho que perder, quién bien me conoce sabe que nunca he sabido callar.

No sé callar lo que pienso, aunque sí lo que siento, el silencio nunca ha sido lo mío, pero siempre he vivido en él.

Debajo del fregadero, en la galería de aquel cuarto piso, allí me escondía para jugar y soñar, allí vuelvo.