Quiero volar, como un pájaro, debe ser la mayor sensación de libertad posible, el aire en la cara, los pies flotando, apoyarse en el aire...
No puedo volar, no me he planteado la opción de buscar alternativas técnicas para hacerlo, si necesito ayuda, ya no soy libre.
Nado, escrito así, parece una errata de nada, sí, NADA. El
vacío.
Me refería a nadar, a dejar que el agua
mezcla mi cuerpo, a florar en ella, a jugar con ella, a luchar con ella. Pero sí, ambas acepciones podrían entrelazarse para describir lo que quiero expresar.
El otro día me preguntaron en que lugar me sentiría en paz, tranquila, relajada.
Una biblioteca, pero antigua, con olor a libro viejo, con sillas que crujen, no haría falta leer, no haría falta curiosear las estanterías, podría estar en paz allí, rodeada de miles de palabras. Envuelta por sabiduría y cultura, por romance y terror, por fantasía e historia.
Un parque, a media mañana o a última hora de la tarde, casi desierto, en silencio. Debería ser un día ventoso. Los árboles
agitándose, esos papeles que no deberían estar ahí, que corretean
escondiéndose para no romper la imagen de naturaleza creada
artificialmente. Los caminantes apresurados, los que nos paramos a
contemplar.
El agua. Sí, se supone que el agua no es un lugar, pero no es cierto, para mí lo es.
Posiblemente el lugar donde más pronto alcanzo esa sensación de paz.
Una piscina fría, solo yo, silencio. Me dedico a contemplar partes de mí debajo del agua, veo como se desdibujan, floto, nado, me hundo, vuelvo a emerger.
El mar, ¿es un lugar algo que se extiende tanto?
Entras, poco a poco, despacio, tu piel se adapta al agua, conforme vas caminando te empapas, te dejas seducir...
Cuando una ola se acerca a tu cara te apartas, casi sin querer, la sal llega a tus labios, aún sabiendo todo lo que llega al mar, aún
repugnandote la idea, alejas u olvidas todo eso y te relames. Sal y agua en tu cuerpo, la arena en tus pies, el cielo mirando.
Nadas hacia la nada, porque a lo lejos solo se ve mar, no hay más, eso es lo mejor, que no se vea más, que el mundo no exista, no mires atrás, sabes lo que hay detrás, pero... ¿qué hay delante?
Aunque solo haya mar, estoy segura que no hay mayor sensación de paz.
Sí, mi Capricornio está en el agua, mi isla interior flota rodeada de agua, sin vistas a nada, solo al cielo y a la paz.