Encima de la cama, eternamente sonriente.
Llevas años ahí, ni siquiera recuerdo quién te ofreció como obsequio.
Solo sé que ahí estás, viendo mis días y mis noches, escuchando mis risas y mis llantos, con tu mirada perdida y brillante, con tus facciones perfectas y tu sonrisa perpetua.
Siempre ahí, callada. Guardando secretos, compartiendo sueños, sí, sé que mi almohada te los cuenta, por algo compartimos lecho.
Testigo de todo, fría porcelana y cálida compañera.
Sigue mirando, hay tanto que ver...
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