miércoles, 28 de julio de 2010

Todo en orden

La primera fue muy rápida, el cuchillo atravesó su carne sin que yo me diera casi cuenta, se clavó fácilmente, aunque yo solo miraba su cara, sus ojos perdidos.

No lo pensé, bueno admitámoslo, igual sí, por algo llevaba ese cuchillo.

Las siguientes fueron automáticas, como si mi brazo fuera impulsado por un resorte, no podía parar, ni en la segunda, ni en la tercera, ni en las que siguieron.

No se defendió, solo me miraba fijamente, intentando creer, hasta que cayó.

Ya casi no sangra, mejor, no me gusta nada el color de la sangre al secarse, es un color sucio, desagradable, nada que ver con el brillo y la magia de ese rojo que brota de una herida abierta.

Tendré que limpiar. Limpiar siempre me ha tranquilizado mucho, me ayuda a desconectar, aunque ahora ya no estoy nerviosa, nunca había probado este método, y sí, es realmente relajante.

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