Frondosas, lanudas y redondeadas.
Con aspecto altivo y mirada mansa.
Parecen suaves, tibias y calmadas.
Se las ve mimosas, tan inmaculadas.
Miran a lo lejos, temiendo la valla.
Quizá se adivina demasiado alta.
Cogen carrerilla, llegan y la saltan.
Orgullosas de ello, retoman su marcha.
Sobre un verde pasto, juegan tan lozanas.
Hay un sol que alumbra y un perro que ladra.
Ese es el problema, que se las detalla.
Me pierdo en colores, texturas y pausas.
Así cada noche las cuento en mi cama.
Mientras llega el sueño, oigo como balan.
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