miércoles, 22 de septiembre de 2010

Montpellier

No te aguanto, ni a ti, ni a nadie.

No te llamo, siempre pienso en hacerlo, pero me vence el después.

He dejado de ser amable y divertida, he dejado de ser el hombro en que apoyarse.

Me duelen los hombros, y las sonrisas no las siento ya.

No soporto a las victimas, por eso esto no es una llamada, es un desahogo.

Me aburre la gente, me aburren las noticias, me aburre todo.

No me apetece disculparme por no llamar, por no quedar o simplemente por no estar.

No me apetece nada.

Miento, sí me apetece, me apetece largarme, con la cartera llena y los ojos cerrados, desconectarme del aquí y del ahora, recorrer calles en las que no conozco a nadie, en las que no es necesario saludar ni ser cordial, en las que no hay prisa ni va a sonar el teléfono.

Ya no tomo el cercanías cada día, ya no veo el tren a Montpellier marcharse, ya no pienso en tirar el móvil a la papelera y subirme a ese tren borreguero y desaparecer.

Vuelvo a mentir, igual no pienso tanto en ello pero la idea esta ahí.

Echo de menos las rutinas, echo de menos hasta el madrugar.

No me aguanto, no me caigo bien. Voy a dejar de hablarme.

3 comentarios:

  1. "No me apetece disculparme por no llamar, por no quedar o simplemente por no estar."

    últimamente me siento así.
    las disculpas: qué cansancio... a veces es necesario "no estar"

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  2. Sí, es un estado compartido, desgraciadamente.

    También lamento ese anonimato.

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  3. "ya no tomo el tren de cercanías..." me gusta esa frase... suena al final de una historia... y también, por qué no, al principio de otra...

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